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Cuando el taller empezó a recibir pedidos de librerías y coleccionistas de otras provincias, el seguimiento de cada encargo se volvió un problema real. Las planillas de papel y los correos sueltos ya no alcanzaban para saber en qué etapa estaba cada edición, qué cliente esperaba su ejemplar y cuándo había que preparar el próximo envío. La solución no fue comprar un sistema caro, sino rediseñar el panel de control que ya usábamos para administrar los pedidos.
El trabajo consistió en ordenar la información por etapas del proceso: impresión, encuadernación, control de calidad y despacho. Cada pedido pasó a tener un estado claro y visible, con notas internas para registrar detalles como el tipo de papel elegido o las correcciones de tinta. También se agregó una vista semanal que muestra la carga de trabajo del taller, algo que antes se resolvía a mano cada lunes.
La parte más delicada fue adaptar el panel a la forma de trabajar del estudio, que no es lineal. Un libro puede volver a la etapa de impresión si el cliente pide un cambio de color, o quedar en pausa mientras se consigue un papel específico. El nuevo diseño contempla esas interrupciones y las muestra sin que el registro se pierda.
- Estados de pedido por etapa: impresión, encuadernación, control y despacho.
- Notas internas por ejemplar, con historial de cambios y correcciones.
- Vista semanal de carga de trabajo para planificar los talleres.
- Registro de interrupciones y pausas sin perder el seguimiento.
- Exportación simple de datos para armar las guías de envío.
El resultado fue un panel que se entiende sin manual. Los pedidos dejaron de perderse en conversaciones sueltas y el equipo del taller puede ver de un vistazo qué necesita atención. Para los clientes, el cambio se notó en la claridad de las respuestas: ahora podemos decir con precisión en qué etapa está su ejemplar y cuándo estimamos tenerlo listo.
Lo más valioso del proyecto fue comprobar que no hace falta una herramienta nueva para resolver un problema de organización. A veces alcanza con mirar el proceso con otros ojos y ordenar la información de acuerdo con lo que realmente pasa en el taller.
Este rediseño no cambió la forma de imprimir ni de encuadernar, pero sí cambió la manera de comunicar el avance de cada obra. La diferencia está en la claridad, no en la tecnología.